Cómo hablé de la muerte a mi hija por primera vez

Ayer hizo dos años que mi padre se fue, bueno realmente no se fue porque le sigo teniendo muy cerca, pero ya sabes… eso de no poder tocarle, abrazarle, besarle, hace que sienta la conexión con él de otra manera.

No nos han enseñado nada de la muerte en esta sociedad o por lo menos yo no he tenido mucha información, he tenido que leer y estudiar mucho sobre ello para poder ahondar en el duelo y cómo es el desapago tan brutal que se produce al dejar de ver a un ser querido.

Rememorando la muerte de mi padre, ha venido a mí cabeza el día en el que le expliqué a mi  hija que al abuelito le íbamos a dejar de ver como hasta ese momento.

Recuerdo cómo le hablé por primera vez de la muerte a mi hija y hoy te voy a compartir mi visión, por si te sirve de algo y por si quieres hablar de ello con tus hijos, de una manera bonita.

«Para mí la vida es energía y magia, y la muerte también puede serlo»

Yo no creo en ninguna religión y eso que estuve en un colegio de monjas unos diez años, aunque sí creo que en la vida, en la energía, en el universo, en la fuerza de la naturaleza, en la magia, para mí todo eso es como un Dios, también en mayúscula.

De todas esas cosas, en lo que más creo es en la energía y sus conexiones, porque todo es energía, nosotros somos una masa compuesta de moléculas, células, tejidos….en definitiva: energía. Las cosas son masa, materia, átomos en movimiento, en total: energía… y así con todo.

Si nosotros somos energía, según la ley de la Conservación de la energía, ésta ni se crea ni se destruye, tan sólo se transforma y así es mi visión de la muerte: una forma de transformarnos en otra energía, no visible, pero que se siente.

Para mí es bonito pensar que una vez dejamos este lugar nos convertimos en una luz brillante llena de energía, como puede ser una Estrella y así se lo conté a mi hija, la primera vez que le hablé de la muerte:

Le dije que su abuelito, mi padre,  dejó de estar aquí para convertirse en una preciosa y enorme estrella, que desde el cielo nos ilumina, nos da fuerza, amor y siempre, siempre, nos acompaña, ya que cuando es de noche está allí arriba observándonos, cuidándonos, protegiéndonos y cuando es de día está en nuestro corazón, iluminándonos y haciendo que saquemos su luz y la nuestra al exterior, para así poder brillar y sacar hacia fuera todo lo bueno que hay dentro de nosotras.

Me pareció una bonita forma de hacerle ver que aunque su abuelito no estuviera físicamente aquí, hay algo dentro y fuera de nosotras que nos une a él.

Sinceramente, creo que nadie se muere, creo que somos los que nos quedamos aquí, al otro lado, los que matamos a las personas cuando dejamos de nombrarlas, de recordarlas, de hablar de ellas, de sentirles cerca.

Yo sigo sintiendo a mi padre a mi lado, esa conexión, ese sentir, no se fue ni se irá nunca porque su amor sigue en mí, en mi ser y en mi corazón.

Mi hija ya no recuerda mucho como era él, tengo que enseñarle fotos para que se acuerde y permanezca en su memoria, sin embargo siempre que miramos al cielo y ve una estrella me dice:” mira mamá ahí está el abuelito Quique mirándonos y cuidándonos desde la distancia”, algo que a mí me llena el corazón de alegría y de amor, ya que parte de él también está en ella.

Te mando un abrazo lleno de luz, tal y como me lo daría hoy mi padre

Patricia Coach ( o mejor dicho: «el tesorete», para mi padre )

 

 

 

 

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