Volviendo a mis raices

Este domingo pasado nos reunimos una buena parte de mi familia, por parte de mi padre, para despedir a mi tía que regresaba a Venezuela, dónde lleva viviendo gran parte de su vida.

Mi prima decidió reunirnos porque seguramente no volveremos a ver a mi tía, tiene ya 86 años y el coger un avión para volver a España ya no lo ve probable.

Nos juntamos cerca de 30 familiares y fue un reconectar con parte de mis raíces.

Recordé aquellas veces en las que mi abuela nos invitaba a comer a su casa y teníamos que juntar mesas para poder entrar todos, hasta en ocasiones comíamos por turnos porque si no era imposible que comiéramos todos sentados. En esa época entre mis tíos, primos y demás podíamos ser cerca de 45 personas, todas apiñadas en el salón.

Me vinieron a la mente muchísimos recuerdos que hace tiempo no tenían cabida en mi mente, risas, momentos inolvidables que compartíamos año tras año y que desde la muerte de mi abuela ya no volvíamos a tener.

Es curioso como el día a día, nuestras rutinas, compromisos y responsabilidades nos hacen alejarnos de cosas que nos llenan tanto a todos.

A veces, nos olvidamos de lo importante que es no olvidar lo importante en la vida, para mi dedicar un tiempo para compartir vivencias, experiencias y emociones con mis seres queridos.

Y sí, hay momentos en los que encontrarnos con la familia hace sacar alguna que otra bronca o comentario desafortunado, pero también es tan bonito poder conectar de nuevo.

En esta ocasión faltaba mi padre, cuánto noté su ausencia, aunque sé que aunque no estuviera físicamente se encontraba presente en cada uno de nosotros.

Con tanto recordar viejos tiempos me han venido muchas cosas olvidadas y me he dado cuenta, una vez más, cómo ha cambiado todo.

Mi hija tiene sólo tres primos directos, cuando yo a su edad tenía ocho.

Era la primera vez en su vida, con tres años y medio, en los que estaba rodada de tantos familiares para celebrar algo que no fuera una boda o un entierro.

En mi caso, cuando era pequeña, todos los años, pasábamos el mes de agosto de vacaciones en el chalet de mi abuela, todos juntos, tíos, primos, sobrinos…. Cómo recuerdo el ajetreo y las vivencias compartidas!

Fue tan emocionante poder brindarle la oportunidad de vivir un pedacito de esos momentos a mi hija.

Vi en mi pequeña un reflejo mío de cuando yo tenía su edad, rodeada de primos segundos que no hacían más que mimarla y cuidarla porque era la más chiquitina del grupo.

Me encantó ver esa complicidad y ese amor que hay entre la familia, aún sin verse casi nada.

Así que aquí me tienes, algo removida por tanta emoción y con ganas de poder juntarnos de nuevo pronto.

Siempre he sabido que soy muy familiar, me encantan los momentos de compartir con mis seres queridos. Ahora parece que, desde que soy madre, le doy más importancia, ya que quiero poder ofrecerle a mi hija el conocer lo que es sentirse arropada de familiares y amigos.

Para mí el que pueda estar con otras personas, que no sean las de su entorno habitual, le da la oportunidad de abrir la mente y poder descubrir nuevas formas, nuevas visiones, diferentes maneras de ser y estar en el mundo, todas ellas válidas y necesarias para poder saber cuál es la que más conecta con ella y con lo que quiere en su vida.

Y tú, ¿eres de los que te gusta reunirte con toooda la familia o prefieres estar en petit comité?

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