Los niños, a veces, son imprevisibles

Cómo estás?

Si vives en España igual has tenido unos días de descanso gracias al puente que tuvimos la semana pasada. Si es así, deseo que lo hayas disfrutado y pasado en grande con tu familia.

Nosotros nos hemos quedado por Madrid, hemos pasado días de relax y de juego en familia y ha sido muy divertido.

El sábado estuvimos pintándonos la cara, disfrazándonos y jugando a ser los Pj Masks , pasamos la tarde riendo y en mi caso, sacando la niña que llevo dentro.

Todo parecía ir sobre ruedas hasta que después del baño íbamos a cenar y Marta vio en su plato que había pollo, sin pensárselo dos veces, tiro toda la comida por los aires.

La verdad es que no me lo esperaba, habíamos estado tan bien…mi reacción fue mirarla muy seria y tuve la capacidad de callarme, nada bueno iba a salir de mi boca. Por dentro estaba pensando: ¿qué más necesitas?¡¡¡ Llevamos toda la tarde contigo y ahora esto!!??  (Luego os hablaré sobre este pensamiento).

Ella, en esta ocasión, me miró y cabizbaja me dijo: “mamá lo siento, ya lo recojo”.

La verdad es que me lo puso fácil porque habló antes de que yo pudiera decir nada y, por tanto, no intervine.

Después me puse a pensar sobre ello y me di cuenta, una vez más, que los niños viven el presente.

Da igual cómo estaba hace cinco minutos antes (jugando, riendo… )  ellos sienten y viven sólo el momento actual.

Cinco minutos después de lo ocurrido quería cenar pollo. Sí, sí, ¡el mismo que había decidido cinco minutos antes que no quería! , ¿¿Te suena??

Así son los niños, sólo viven el aquí y el ahora y lo que hace un minuto era llanto al segundo se convierte en risa y al revés.

Total, que me dijo: “mami tengo hambre, ¿puedo cenar el pollo? “

Mi respuesta: “La comida del suelo no se come, puedes tomarte la sopa” y a pesar de su cara de enfado, retire el plato con los trozos de pollo que antes ella había recogido y lo llevé a la cocina para salvar tentaciones y posibles discusiones.

Pasado el temporal me di cuenta, que en esta ocasión su enfado tenía que ver con que no se cumpliera lo esperado por su parte.

Cuando estábamos en la cama, ya tranquilas, antes de dormir, le pregunté sobre lo sucedido y me contestó que se enfadó porque no había para cenar las empanadillas que le había dicho mientras estábamos jugando (me costó recordarlo pero estaba en lo cierto). Hablamos sobre ello y solucionamos el tema.

En cuanto al pensamiento que te comentaba que tuve: ¡Qué más necesita?!, ¡Llevamos toda la tarde con ella y ahora esto?! Reflexionando me di cuenta que era la típica frase heredada que muchos hemos escuchado alguna vez.

Me di cuenta que lo que necesita mi hija, es lo que todo niño, amor, atención… y el estar toda la tarde con ella no debería ser un reproche, si no una suerte y un disfrute como fue.

En ocasiones, salen automáticos heredados que hacen que rápidamente nos pongamos a la defensiva, tomándonos los comportamientos de nuestros hijos como cosas personales, como si nos atacaran y no es así.

Mi invitación hoy es que seamos capaces de recordar que son niños, que sus comportamientos poco tienen que ver con hacernos daño si no con conectar con nosotros, aunque en ocasiones no sea de la manera correcta.

Y tú:¿Cómo has pasado el puente?, ¿Has vivido alguna vez que tu hijo pase de la risa al llanto en un minuto?

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